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Jordi Pane

MOGAMBO

Este jueves se juegan las semifinales de la copa de África de Naciones.


 Personalmente debo decir que, desde el punto de vista competitivo los torneos de selecciones me provocan una cierta indiferencia. Alguien dijo una vez que las selecciones son como los pedos, sólo se soportan los propios. A veces ni siquiera eso. Desde la perspectiva eurocéntrica  de los clubes y tras la revolución que supuso la sentencia Bosman, la reunión de jugadores por un criterio tan azaroso como el de su nacionalidad, se me antoja como una extravagancia anacrónica. Por otra parte, frente al hiperprosionalismo de los clubes, las selecciones nacionales viven aún en un cierto amateurismo. Al lado de un partido serio de Champions, no de selecciones no deja de ser un solteros contra casados.Aún así siempre pico, quizás por razones de inercia história, cuando los mundiales y los europeos eran la gran oportunidad de ver a los mejores. A la vista  de un torneo me dejo llevar por la corriente. Pero me bastan 10 minutos del partido inaugural (en general, infectos) para perder el interés.

No es una excepción la copa de África, de alguna manera el hermano pobre de los torneos de selecciones, tras el Mundial, el Europeo y la copa América, pero por delante de la copa de oro de la CONCACAF y la copa de Asia, por la poca relevancia internacional de los participantes y la casi nula presencia de sus jugadores en la élite. Además, la copa de África se ve lastrada por dos handicaps: primero la ubicación en el calendario, en plena competición  (por razones climáticas ya  que el calor estival africano hace impracticable cualquier deporte). En segundo lugar, un juego excesivamente defensivo, cuyo origen debe buscarse en las primeras incursiones de las selecciones africanas en el contexto mundial, cuando fueron acusadas de anárquicas. Ello provocó que la  mayoría de federaciones optaran por seleccionadores que impusieran rigor táctico, con lo cual la efervescencia y el poderío de sus jugadores se enclaustren en sistemas defensivos impuestos por sus entrenadores en su mayoría franceses y alemanes, auténticos especialistas en estas aventuras.

Así las cosas, el principal interés de la copa de África, parcialidades aparte, es para técnicos, intermediarios, agentes y traficantes en general  que ejercen su neocolonialismo en un mercado aún no sobreexplotado. En efecto, el copa de África  se reúnen los mejores futbolistas africanos, con alguna excepción (la más notable, la del togolés Adebayor, formidable delantero del Arsenal, perteneciente a esa estirpe de jugadores desgraciados que han tenido el infortunio de nacer en lugares equivocados en una cruel jugada del destino en forma de generación espontánea).

Así las cosas,  hemos llegado a semifinales con dos partidos: Camerún-Ghana y Egipto-Costa de Marfil. Nada nuevo bajo el sol. Las únicas sorpresas han sido negativas: Marruecos y  Mali ni siquiera superaron la fase de grupos. Atención especial los malíes, que comparecían al torneo con el flamante balón de oro africano, Kanouté, acompañado de otros jugadores notables como el también sevillista Keita, así como el madridista Diarra. Sin embargo quedaron encuadrados en el grupo de la muerte y se volvieron para casa. Otro de los favoritos, Nigeria, quedó apeado en el cruce contra Ghana.

 
Los dos partidos se presentan bastante equilibrados. El primer cruce es el Camerún-Ghana. Los ghaneses, por su condición de locales (lo cual no es nada desdeñable en África) parten como favoritos. Son un equipo equilibrado que basan su juego en el poderío en el centro del campo, donde juegan sus dos estrellas Muntari del Portsmouth y Essien del Chelsea. Su handicap es el poco nivel de sus delanteros, rápidos y potentes, pero sin una gran calidad. Su técnico Claude le Roy es un veterano en estas lides con 22 años de trayectoria entrenado a equipos africanos. Su última hazaña, clasificar al Congo para la anterior copa de África.
Camerún, por su parte no vive sus mejores momentos. Los leones indomables que asombraron al mundo en Italia 90 han perdido sus colmillos. Ausentes del último mundial, debutaron con una estrepitosa derrota contra Egipto por 4-2, pero a lo largo del torneo se han ido entonando. En cuartos derrotaron a otro mundialista, Túnez por 3-2 en la prórroga, con gol de falta de uno de sus veteranos, Geremi que cansado de ser un comparsa en el Chelsea se ha hecho un hueco en un desastroso Newcastle. Por los demás las bazas de Camerún son conocidas por todos. Su portero Kameni, sin duda el mejor del campeonato y Samuel Eto’o que tras dos años casi inédito ve en este torneo una opción de reivindicarse del oprobio de haberse visto privado del título de mejor jugador africano que tenía creer concedido de forma casi vitalicia. De momento ya ha batido el récord histórico de goles en la competición, y aunque contra Túnez no marcó, de lo que él haga van a depender las opciones de los leones.
LA segunda semifinal, Costa de Marfil- Egipto, es lo que en el tópico se llama una final anticipada. Ambas selecciones jugaron la final de la anterior edición, en la que los Faraones  hicieron valer  su condición de locales contra los Elefantes. Los egipcios, tras la ausencia de Argelia y las eliminaciones de Marruecos y Túnez son la única alternativa del norte de África contra el poderío físico de las selecciones del África Occidental. A pesar de que se presentaron en el torneo con la baja por lesión de su jugador más afamado, Mido, presentan un equipo equilibrado, de ritmo lento y buen manejo de la pelota en el que destacan el mediapunta Mohammed Zidan y el mediocentro Hosny


Costa de Marfil  por su parte, se presenta como a priori la mejor selección del torneo. Un dato le avala: en lo que va de competición y en la fase de clasificación que le ha precedido sólo han encajado un gol (contra Benin, obra  de Omotoyoshi, delantero del Helsinborg que dicen va para estrella). Y es que ninguna selección africana y pocas mundiales puede presentar un elenco de jugadores tan amplio como el de los marfileños. Su eclosión se debe a la visión de futuro del entrenador francés Jean-Marc Guillou, quien se hizo cargo del ASEC Mimosas y de su escuela de entrenamiento y quien, por medio del Beveren de la primera división belga, facilitó su transición con garantías a Europa. Entre los “hijos”  de Jean-Marc Guillou cabe destacar  Touré y los Kalou, Aruna Dindane, Eboué, Zokora, Bakary Koné, Boka, Yapi Yapo o Amara Diané. Casi nada.
En defensa, lidera Kolo Touré, del Arsenal que actualmente es uno de los mejores centrales del mundo. Ágil, potente y con gusto para incorporarse al ataque con el balón jugado. Le acompaña Meité en el centro y en las bandas Eboué y Boka, ambos velocísimos y muy profundos
En el centro del campo Zokora actúa como hombre ancla mientras que la labor creativa recae en Yaya Touré, que con más libertad que en el Barça, se está revelando como uno de los mejores medios del.. Junto a ellos, el mediapunta zurdo Christian Koffi Romaric (Le Mans) y previsiblemente Abdul Kader Keita (Lyon), formarán dos bandas de lujo.
En ataque, casi nada. Su gran estrella es Drogba, una torre de músculo que se mueve con agilidad felina se recuperó in extremis de una grave lesión para comandar a su equipo. Le secunda su compañero en el Chelsea Salomón Kalou. Las alternativas tampoco son mancas: ArounaDindane , Arouna Koné , Bakari Koné. Todos ellos mostraron su gran potencial en el cruce de cuartos contra Guinea a la que golearon sin misericordia en por 0-5, en un exhibición de control.
Resulta difícial hacer un pronóstico, sobre todo si se refiere al futuro pero mi final es Ghana-Costa de Marfil. Aunque habrá que esperar al domingo

Salud y fútbol