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Jordi Pane
El Ultimo vuelo del Canario Flauta
Esta semana se ha producido una noticia que no ha abierto ningún informativo pero que creo que merece un comentario. Juan Carlos Valerón, el Mago de Arguineguín ha recibido el alta médica tras más de dos años lesionado y su regreso se antoja inminente.
Con 32 años y cojo de una rodilla, no es de esperar que su vuelta se produzca al máximo nivel. Empero, es de justicia que uno de los futbolistas españoles que legítimamente puede ser calificado de genio acabe su carrera sobre el césped y no en la camilla de un fisioterapeuta. Por otro parte Valerón es el único recuerdo que queda de los tiempos de gloria de aquel super-Depor glorioso.
Nacido en la ubérrima cantera de peloteros de las Palmas, a la sombra de su hermano mayor Miguel Angel, fino extremo zurdo cuya carrera quedó truncada por una lesión de rodilla en un partido de copa contra el Barça, se hizo un nombre en el primer Mallorca de Cuper. De ahí pasó al Atlético, en una plantilla de lujo que pretendía pelear por la liga pero acabó bajando a segunda de división. En la desbandada que siguió a la catástrofe, Valerón recaló, junto a Molina y Capdevila en el Deportivo de Irureta, donde protagonizó 4 campañas sensacionales (ganaron la única liga de su historia) y algunas actuaciones memorables como la victoria en la final de Copa contra el Madrid galáctico en el Bernabéu (el conocido centenariazo) o las victorias británicas en Highbury o old Trafford, la remontada contra el París St. Germain (la noche en que Pandiani marcó 4 goles), una victoria en Munich contra el Bayern, con Hat trick de Mackay a tres pases de Valerón y lo que fue la obra cumbre de ese super depor: la goleada al Milán por 4-0 en los cuartos de final de la champions
Tras su apariencia larguirucha y lentorra, se ocultaba un trescuartista de tranco largo y cabeza elevada, que se movía como nadie en el campo de minas que es la media punta. Precursor de Kaká, dominada el juego corto y el profundo y si era necesario podía evolucionar individualmente con el balón cosido al pie. Nunca fue un gran goleador pero siempre acabó con números la mar de decentes. Tampoco un líder, pero cuando la cosa se torcía, todos le buscaban. Su natural clarividencia se vio favorecida por el apogeo del 4-2-3-1 , sistema en el que el volante de enganche es origen y final del juego ofensivo. Liberado de obligaciones defensivas y rodeado de receptores, su calidad se desarrolló en su máximo esplendor. Sólo le apartó de un mayor reconocimiento el hecho de jugar en un club periférico, aún en España, los escasos (nulos) éxitos en la selección española (aunque hay que recordar un 9-0 contra Austria en la fase de clasificación para el Europeo de Holanda-Bélgica que hizo albergar alguna esperanza de que esta vez si) y su nula proyección mediática debido a su carácter apocado y su voz aflautada que le convertían en la pesadilla de cualquier publicista. Valerón como todo pasador, mejoraba los contextos. Su lesión, en septiembre de 2006, coincidió con el inicio del ocaso de aquel equipo. Una nueva lesión en julio de 2007 y dificultades en la recuperación le han alejado durante casi dos años de los terrenos de juego. Su regreso ha sido recibido en la Coruña como agua de mayo. De él se espera que aporte algo de la calidad que le falta al equipo y les ayude a salir de la complicada situación en la que se encuentra el equipo.
Y es que la realidad deportivista es mucho más triste hoy en día. Cuesta de reconocer en el equipo actual, que malvive en zona de descenso a aquel equipo que hace apenas cuatro años era considerado grande en España y aspirante en Europa. Quizás es su lugar natural, pero uno enseguida se acostumbra a lo bueno, y lo del Depor fue, durante más de 10 años, muy bueno
En el éxito del Deportivo había un algo de generación espontánea y un mucho de talento y astucia. Un equipo sin historia, sin estadio y sin masa social que de la nada se encumbró entre los más grandes.
Su génesis puede remontarse al verano de 1993. El año anterior el deportivo, recién ascendido, había sobrevivido con bastante dignidad en primer. Contaba con dos jugadores notables en la plantilla: Djukic, un central inteligente y eleganteo que pasará a la historia por un momento fatídico que huelga mencionar y Fran, un 10 de los de toda la vida, fino, inteligente y con una pierna izquierda sublime . Lo entrenaba Arsenio Iglesias, o bruixo de Arteixo que atesoraba la sensatez que sólo da la escasez. Ese verano, además de algún otro jugador, el deportivo se hizo con los servicios de dos brasileños que cambiarían la historia del club: el primero, Roberto Gama da Silva, Bebeto, internacional y estrella rutilante del Vasco da Gama, que inexplicablemente prefirió un equipo modesto de la liga española a otros destinos más tentadores. El segundo un centrocampista, gordote y lento, procedente de un equipo desconocido, el Bragantinos, que respondía al nombre de Mauro Silva. Bebeto logró unos números goleadores asombrosos. Mauro hizo algo más importante. Fue el alma del equipo durante 12 temporadas.
-Permítanme ahora que me desvíe de la idea inicial algo más de lo que me he desviado ya, pero uno no puede nombrar a Mauro Silva sin ponerse de pie, porque ha sido el extranjero más rentable que ha llegado a la liga española en 10 años a la redonda. Mauro era un genio. Un genio defensivo, si se quiere, pero un genio al fin y al cabo. Si Guardiola fue la perfección del medio centro creativo, Mauro lo fue del medio centro defensivo y anticipó tendencias que 10 años más tarde sigue siendo plenamente vigente (en Brasil aún siguen buscando un sustituto, y entre que lo encuentran plagan el medio campo con jugadores mediocres incapaces de quitar o de dar un pase).
Jugador lento, sin despliegue y sin llegada a gol (sólo marcó uno en toda su carrera), nadie conocía como él los entresijos del juego, las líneas de pase invisibles, los resortes del equipo propio y adversario. En 10 años nadie le vio dar una patada ni hacer un tackle. No era necesario. Cuando uno tiene autoridad, no es necesario recurrir a la fuerza. Y Mauro la tenía: enarcaba las cejas y el equipo se comprimía, se relajaba y el equipo jugaba. Cuando llegó, con 26 años, se bastaba él sólo para sostener el centro del campo. Cuando se marchó, con 37, fue porque quiso, porque aún era insustituible-
La historia de siguió es de todos los aficionados conocida: una primera campaña excelente y una segunda mejor con Arsenio, un pequeño bajón después con Toshack y máximo esplendor con Irureta. En medio de ello, algunos jugadores formidables: Djalminha, Rivaldo, Naybet, Tristán, Mackay, Donato…
Todo aquello se devaneció como polvo en el viento, tal como vino, se fue, nadie sabe bien por qué: Manuel Pablo y Sergio son los únicos superviviente de aquel equipo que goleó al Milán… ellos y Valerón.
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