Pic 2

Jordi Pane

El Inevitable Barça - Madrid

Cuando el webmaster me encargó esta sección pensé que: 1.- estaba loco o no tenía presupuesto para contratar a un profesional y 2.- no ceñirme de actualidad. Ocurre no obstante que, en ocasiones, el presente te arrolla,  así que no me queda otra que hablar del clásico (ahora hay que llamarlo así) Barça-Madrid. Otra cosa sería una frivolidad.

El Madrid llega al clásico en cabeza de la tabla clasificatoria gracias a un juego que podría definirse como Capellismo ilustrado: las virtudes teologales de Capello (orden, presión y eficacia) revestidas de las buenas intenciones de Schuster.
 El alemán, que como jugador fue formidable ( a pesar de jugar cojo la mitad de su carrera) había llevado una carrera de entrenador un tanto nómada, en busca de un caballo ganador. Lo encontró en Getafe, club de la periferia de Madrid, modesto y hacendoso, extraordinariamente gestionado por el sensatísimo Ángel Torres. En Getafe Schuster hizo dos campañas meritorias, clasificando al equipo en mitad de la tabla y en la última temporada logró un éxito histórico clasificando al equipo para la final de la copa del Rey, con una semifinal épica contra el Barcelona, remontando el 5-2 de la ida con un espectacular 4-0 (este partido quedará para siempre en la historia de la ignominia blaugrana, club único en el mundo en el arte del auto-odio). Esto último llamó la atención de los dirigentes madridistas que por aquel entonces ni sospechaban su éxito final en la liga y buscaban desesperadamente un lavado de imagen. Si Schuster había logrado que los Belenguer, Cotelo,  Casquero… jugaran un fútbol alegre y vistoso, con los jugadores del Madrid, sustancialmente mejores, lograría la excelencia (Calderón Dixit).
Ocurre que el fútbol casa mal con el álgebra y que multiplicar las causas no siempre multiplica los efectos en la misma proporción. Sobre este punto insistiré más adelante.
Así las cosas, Schuster se hizo cargo del equipo con buenos propósitos… que pronto se vieron superados por la evidencia  de su plantilla. El macrocasting de la pretemporada y lo tardío y precipitado de los fichajes no ayudaron a aclarar el panorama. Al contrario. Sólo multiplicaron la confusión. Los partidos estivales dieron rienda suelta a los augurios más pesimistas.
Y llegó la liga, y con ella el atlético, que veía una ocasión única de vencer en el estadio de su rival eterno. Pero la historia pesa mucho y el atlético hizo honor a su fama de resucitador de cadáveres. Venció el Madrid 2-1, en un entretenidísimo mal partido.
A partir de este momento, la historia es conocida por todos. El Madrid empezó a sumar puntos combinando partidos discretos con petardazos infames como los que perpetró en Valladolid, Sevilla, Montjuïch y Bremen.
Y volvemos al orígen: por qué el Madrid no juega bien? Mejor dicho, por qué no ha logrado (salvo en contadísimas ocasiones) la excelencia que pretendían sus dirigentes? La respuesta es obvia: porque  no puede. Me explico:
La plantilla del Madrid es como el monstruo de Frankestein. Un solo cuerpo formado por piezas de muy diverso origen. Ello se debe a que en los últimos años del Florentinato y primero del Calderonazgo (soy benévolo, me podría remontar a los tiempos de don Santiago Bernabéu)  el Madrid se ha regido una política de hechos consumados y acciones concretas, hablando en plata: mariquita el último y el último que apague la luz.
Todo ello se manifiesta en una plantilla con deficiencias en la construcción del juego. En fase de iniciación, no hay ningún defensa que tenga un primer pase claro. Sólo Pepe se atreve a salir con el balón controlado, pero más que salidas claras son ratzias en el campo rival que tienen algo de moneda al aire: si sale con barba san Antonio y si no la purísima, mientras que Cannavaro vive atado con una soga amarrada al palo de Casillas (aunque este año ha tenido el detalle de comprar una más larga.


 En el medio centro: Diarra ofrece solidez defensiva pero nada más y Gago es un 5 argentino de toda la vida: eficaz si se le rodea de volantes tocadores pero si se le deja sólo , siembra la confusión en las propias líneas por esa costumbre tan argentina de acercarse a la jugada. En ocasiones han jugado juntos, lo cual, lejos de potenciar las virtudes  de cada uno deja más desnudas sus deficiencias.
 Ante este panorama, Schuster que en el inicio se presentó como apóstol del Gutismo (religión laica que como el Delapeñismo se caracteriza por un grupo de fervorosos creyentes que intenta convencer a una mayoría agnóstica o directamente atea) se rindió a los hechos y le dio el medio centro a Baptista, jugador de nula capacidad asociativa pero de pegada demoledora.
Hasta aquí las malas noticias. Las buenas, buenísimas. No dominar el juego debe ser un pecado venial, porque casi nadie lo hace.El Madrid sabe que los partidos se ganan y se pierden en las áreas, y muestra una gran competencia  en las dos: en la propia con el milagroso Casillas y una defensa con gran capacidad para vivir al límite. En la ajena el incombustible Van Nistelrooy, el resurrecto Raúl y el virtuoso Robinho, acompañados de Snejder un bombardero paticorto que dispara con mira telescópica optimizan el escaso caudal de juego.
El resultado de todo ello es un equipo simétrico en lo vertical: 5 jugadores y medio intentar marcar goles, y los restantes evitarlos (el medio corresponde a Sergio Ramos, que ha trascendido a la duda de si es central o lateral para cuestionarse en su fuero interno si es defensor o atacante). Ante la imposibilidad de agruparse en torno del balón, defiende por acumulación y ataca en aluvión, como un surfista en  espera de la mejor ola. Cuando la marea es alta, el Madrid cae a plomo con 5 o 6 jugadores sobre el área de su rival. Cuando baja la marea, se repliega en su propio campo a la espera de tiempos mejores. Todo ello da lugar a partidos sincopados que suelen caer del lado del mejor pegador, y éste, no hay duda que suele ser el Madrid.
A la espera de encontrar el estilo el Madrid sobrevive con la política de peix al cove (expresión catalana que significa literalmente, pescado en el cesto, ya dicen que traduttore, tradittore). A dónde le vaya a  llevar esto, va a depender en gran medida del rendimiento de sus rivales. El domingo tendremos una muestra.
En cuanto al Barcelona, sólo decir que vive en la perplejidad que provoca la paradoja que cuanto mejores son sus futbolistas, peor es su fútbol. Ello cabría achacarlo al hecho que los equipos son ecosistemas de equilibrio precario, en los que cualquier mínimo cambio provoca consecuencias impredecibles. A eso y a la mala aplicación al trabajo de sus protagonistas, más dedicados en el último ejercicio a acrecentar su gloria individual y cobrarse rencillas personales que no a servir al club que les ha dado notoriedad. Pero esto va a ser el tema de otro artículo que a la vista de los hechos de la última semana, estoy seguro que va a proceder en entregas sucesivas.

 

Salud y futbol