Tu Base de Datos de Futbol Mundial
Jordi Pane
El Calendario es lo que tiene...
El calendario tiene estas cosas: jornadas y jornadas de inanición, sin nada decente que llevarse a la boca (salvo que uno goce del beneficio de la parcialidad, en eso no me meto) y de repente, pum!, los cuatro grandes de la liga inglesa enfrentándose entre si. Y es que este fin de semana podemos gozar en sesión continua de dos partidazos: Liverpool-Manchester y Arsenal-Chelsea. Como quien mucho abarca, poco aprieta y para no abusar de nuestros lectores, limitémonos a regañadientes a este último, en el que las expectativas son, a priori, más altas.
El Arsenal, hay! El Arsenal,(con suspiro intercalado) es la paciencia en todas las escalas posibles hecha fútbol. Club centenario, su historia moderna se inició hace poco más de una década cuando se hizo cargo del equipo Arsène Wenger, una alsaciano alto y enjuto, con pinta de profesor de griego clásico. Años antes había llevado al Mónaco a unas semifinales de la copa de Europa, pero en esos momentos sobrevivía mal que bien en Japón. La decisión, en su momento fue juzgada como una extravagancia. No era de extrañar: el antecesor de Wenger en el cargo, George Graham predicaba los viejos valores del futbol de toda la vida, como no podía ser de otro modo: pelotazos largos, segundas jugadas y estrategia. Y a ese perfil respondían sus futbolistas: Dixon, Keown, Adams , Winterburn , Thomas , Smith, Wright, etc. Tipos fortachones y corajudos, pero si alguien hubiese tenido la ocurrencia de cambiar la pelota por un melón de seguro que nadie hubiese notado la diferencia. Los resultados: 2 ligas (89 y 91), una UEFA y una Recopa y un sopor general: el grito de guerra de Highbury era boring, boring Arsenal. Y llegó Wenger, y todo cambió. Para que nadie lo notara enroló las viejas (en todos los sentidos) glorias en el barco, pero casi clandestinamente fichó a Bergkamp, jugador de tanto talento como fragil personalidad, antaño nuevo mesías del Ajax, ahora estrellado con estrépito en el Inter (valga la redundancia). Bergkamp, que tiempo ha, había rechazado una oferta de Cruyff para ser feliz en Barcelona, pensó que era una señal del cielo y quien era él para desafiar al destino.
Hizo las maletas, cogió el primer tren que salía de Milán y se plantó en Londres. Y todo fue maravilloso. Bergkamp no era un jugador: era una declaración de principios. Los aficionados se preguntaban como aquel rubito, sin moverse, siempre aparecía en el gol, daba pases a sus compañeros y regateaba a los rivales sin dejarse los abductores en una carrera sin sentido. Una extraña sensación se apoderó de ellos, que era aquello que veían? La respuesta es sencilla. Era fúbol. Una vez plantada la primera piedra Wenger edificó el resto del edificio: chicos listos, con ganas de aprender sin prisas al lado del viejo profesor. Y llegó Henry, un galgo corredor, cuyo olfato de gol se había perdido en la banda derecha de Delle Alpi, y Overmars de veloces piernas, y Vieira, un percherón francés al que nadie comprendió en Milán, y Petit, Ljumberg….etc. Espero que los amables lectores me perdonen esta digresión histórica pero era necesaria para sustentar mi primera afirmación: el Arsenal es paciencia. Wenger no compra jugadores, los fabrica. Muchachitos imberbes y talentosos maltratatados por la vida, con hambre de gloria y humildad para escuchar incesantemente el nuevo catecismo: posición, posesión, movilidad. En realidad no es tan nuevo. Data de los años 60, del viejo maestro ajaccied Kovacs, que descubrió la primera gran generación de futbolistas holandeses. Pero bueno, en estos tiempos que corren.. El Arsenal es paciencia en la ejecución: quiere ser el protagonista del partido. Saben que la cámara y los ojos de los espectadores siempre siguen a la pelota. Así que es mejor tenerla. Y para eso, nada mejor que darla a otro jugador que lleve la camiseta del mismo color. Entretanto moverse, cada espacio que abandona un jugador del Arsenal es reemplazado por otro. De este modo el tenedor del balón siempre tiene las referencias claras. Una pequeña sociedad, que usufructúa un bien (la pelota) en proporción a la cuota de cada uno. Desde lejos se ve un marasmo de centrocampistas que se mueve cadenciosamente, de forma hipnótica. El rival se pierde en este maellström y siempre acaba apareciendo el espacio.
Y el espacio, en futbol, no tiene precio. , hablando de la astucia de Fábregas , del vigor de Hleb, la delicada finura de Rosicky, la eficiencia de Flamini, la agilidad fiera de Adebayor sería fatigar la obviedad, así que concluyo en este punto diciendo, no es un equipo perfecto, pero en un tiempo donde el Ajax languidece desnortado y el Barcelona, con sobredosis de talento individual intenta recuperar las virtudes colectivas, el Arsenal es un buen punto donde fijar los ojos de quien aprecia un determinado tipo de futbol En el otro rincón, con camiseta azul y chorrocientos kilos de peso, el Chelsea post-Mourinho. Sobrevivir a Mourinho no es fácil y más si se hace sin solución de continuidad, dejando el proyecto en manos de dos segundones ilustres Avram Grant, cuyo único mérito conocido hasta ahora era un casi (casi clasificó a la selección de Israel para una Eurocopa) y Henk Tenk Cate a quien una corriente de opinión un tanto esotérica le atribuye una intervención decisiva en la génesis del Barça de Rijkaard (afirmación que encuentra poco acomodo con la realidad a la vista de su anodino paso por el Ajax), así que sobre este punto habrá que suspender el jucio hasta nuevos acontecimientos, El Chelsea de Mourinho jugaba con la eficiencia de un piano de cola cayendo desde un séptimo piso. Me explico: un ligero rumor en el desarrollo que termina con un estrépito de alguna manera armonioso. Antes de Mourinho el Chelsea era un equipito del barrio pijo de Londres que vivió una cierta gloria en los 50 y en los 70. Hasta que llegó el portugués, con su corona de laureles, merecida por sus éxitos europeos con el Oporto. Mourinho plenipotenciario creó un grupo salvaje como el de Peckinpah: una banda de forajidos pendencieros y sedientos de sangre que profesaban una adoración idólatra a su jefe, el más desalmado de todos ellos, conscientes que cuanto las balas empezaran a silbar sobre sus cabezas, el jefe sería el primero en avanzar. Mourinho repartía sus dádivas y castigos de forma inmisericorde. Un botón: Ferreira, un lateral normalillo y corrientucho fue exigido por Mourinho como pieza clave del proyecto. Resultado 20 millones de euros. Y Mourinho le defendió a capa y espada… hasta que dejó de hacerlo y le condenó al ostracismo, nadie sabe muy bien por qué (se sospecha que un mal marcaje a Ronaldinho pesó los suyo) La formula tuvo un éxito inmediato. Arrasó durante dos años en la premier (sospecho que arrasar no le hace justicia a lo que pasó, pero no se me ocurre ningún verbo más fuerte) y en Europa, sólo un parpadeo inoportuno del árbitro y la fe de un pueblo el primer año, y un Ronaldinho colosal, el segundo le alejó de cotas más altas. Hasta que se torció. Roman Abrahamovic, dueño del Chelsea, muchimillonario ruso, los orígenes de cuya fortuna es mejor no investigar había comprado el Chelsea 3 años antes. Él había contratado a Mourinho porque era el mejor. Tenía todo el dinero del mundo pero no t popularidad . Creyó que un equipo ganador se la daría. Cual no fue su sopresa cuando descubrió que a pesar de los éxitos, la aristocracia del fútbol europeo le consideraba un advenedizo y a su equipo, una panda de gañanes. En Inglaterra, los viejos equipos de siempre seguían siendo los preferidos y en Europa todo el mundo miraba a Barcelona, un equipo entrenado por un holandés pasota con un peinado ridículo y liderado por un brasileño dentudo y risueño. Pobre Roman. Ni los arrumacos de su nueva joven esposa le consolaron.Así que decidió intervenir. Al fin y al cabo uno no llega a la lista de Forbes dejando sus negocios, por pequeños que sean, al capricho de subalternos. Dejó de confiar en aquel portugués que le pedía que comprara jugadores cada vez más grandes y cada vez más negros a tanto el kilo. Si al equipo le faltaba glamour, él le daría glamour. Y contrató a Shechenko y Ballack, dos futbolistas con mucho pedigrí pero en el ocaso de su carrera y poco coherentes con la idea. Y ahí se torció todo. El grupo se destensó. Los nuevos protegidos de dueño socavaron la autoridad del capataz. El equipo perdió cohesión . La máquina imparable se gripó. Resultado: Mourinho destituido (aunque podrá secarse las lágrimas con billetes de 50 libras) y todos a la expectativa de saber que será de este Chelsea 2.0. Hasta aquí lo que quería decir. Pido excusas si he sido demasiado prolijo en mi exposición y agradezco la atención de los lectores que han llegado hasta aquí. Les emplazo a presenciar los dos partidos del domingo. Yo no me los voy a perder.
Salud y futbol